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Convivencia

Mudanza con mascotas: la semana antes y el día después

13 de agosto de 2026 · 2 min de lectura

Por qué las mudanzas son el momento de mayor riesgo de escape y qué hacer antes, durante y después para que salga bien.

Las mudanzas concentran todo lo que hace que un perro se escape: puertas abiertas durante horas, desconocidos entrando y saliendo, ruido, y un lugar nuevo sin olores conocidos.

La semana antes

**Actualizá los datos de contacto.** Si tu chapita tiene la dirección vieja o el teléfono fijo de la casa que dejás, hoy es el día. En el lugar nuevo, tu perro no tiene red: nadie lo conoce.

**Ubicá la veterinaria de la zona nueva.** Guardá el teléfono en tu celular antes de necesitarlo.

**Pedí una copia de la historia clínica** a tu veterinario actual, o sacale foto a la libreta completa.

**No guardes sus cosas hasta el final.** Su cama, su plato y sus juguetes son las últimas cajas. Ver desaparecer sus objetos lo pone ansioso días antes.

El día de la mudanza

Este es el día de mayor riesgo. La puerta de calle va a estar abierta durante horas.

La mejor solución es sacarlo de la ecuación: **dejalo con alguien de confianza** ese día, o en una guardería.

Si no podés:

  • Encerralo en una habitación vacía con su agua, su manta y la puerta cerrada.
  • Poné un cartel en esa puerta: *"Perro adentro, no abrir"*. Los que cargan cajas no saben.
  • Revisá que la ventana de esa habitación esté cerrada.
  • Entrá a verlo cada tanto.

Al llegar

**No lo sueltes en toda la casa de una.** Empezá por una habitación con sus cosas, y dejá que salga a explorar a su ritmo.

Antes de darle acceso al patio, **recorré el perímetro completo**. Alambrados con huecos, portones que no traban, un espacio bajo el muro. Los patios ajenos siempre tienen una sorpresa.

Los primeros paseos, correa corta y recorridos cortos. Todavía no sabe volver: si se suelta, no tiene idea de dónde queda tu casa nueva.

Las dos semanas siguientes

Es normal que coma menos, que duerma más o que se pegue a vos. También que marque adentro, aunque nunca lo haya hecho: está reescribiendo el mapa de olores.

Lo que más ayuda es **sostener los horarios**. La comida y los paseos a la misma hora de siempre le devuelven referencias en un lugar donde todo cambió.

Si a las dos semanas sigue sin comer, se esconde o tiembla, hablalo con el veterinario.

El riesgo que se subestima

Un perro perdido en su barrio de toda la vida tiene chances de volver solo, o de que un vecino lo reconozca.

**Un perro perdido a la semana de mudarse no tiene ninguna de las dos cosas.** No sabe volver y nadie lo conoce.

Por eso, en una mudanza, la identificación deja de ser una precaución razonable y pasa a ser lo único que puede traerlo de vuelta.

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