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Cómo elegir el alimento de tu mascota sin caer en el marketing

1 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura

Cómo elegir el alimento de tu mascota sin caer en el marketing

La etiqueta dice más que la bolsa. Qué mirar, qué ignorar, cuánto darle según su peso y por qué el precio no es el dato. Sin marcas: solo el criterio para decidir.

La góndola de alimento para mascotas está diseñada para que decidas con los ojos: un perro brillante corriendo por un campo, la palabra natural en letras grandes, un corte de carne en primer plano que no es lo que hay adentro. Nada de eso es información. La información está atrás, en letra chica, y ocupa diez centímetros.

Este artículo es para leer esos diez centímetros. No te vamos a decir qué marca comprar, porque no la vendemos y porque la respuesta cambia con cada animal. Te vamos a dar el criterio.

Primero, una verdad incómoda

No existe "el mejor alimento". Existe el que le va bien a tu mascota: buena piel, materia fecal firme y regular, peso estable, energía normal. Un alimento carísimo que le cae mal es peor que uno del medio que le cae perfecto. El veredicto final lo da el animal, no la etiqueta. La etiqueta sirve para elegir con qué probar.

Lo que hay que leer en la bolsa

1. "Completo y balanceado"

Es la frase más importante y la menos vistosa. Significa que el alimento, por sí solo, cubre todos los requerimientos nutricionales de esa etapa de vida. Si no lo dice, es un complemento, un premio o un alimento "para mezclar", y no debería ser la base de la dieta.

En Argentina, los alimentos balanceados para animales deben estar registrados ante el organismo sanitario nacional, y ese número de registro figura en el envase. Si no está, no compres.

Las referencias que usa la industria a nivel internacional son las guías de la asociación de fabricantes de Europa (FEDIAF) y de Estados Unidos (AAFCO). Muchas bolsas dicen "formulado según AAFCO" o similar: es una buena señal, pero ojo con el matiz que sigue.

2. Formulado versus probado

Hay dos formas de cumplir con esas guías. Una es formular la receta en papel para que dé los números. La otra es probar el alimento con animales durante semanas y medir que efectivamente los mantiene sanos. La segunda cuesta más y dice más. Si el envase menciona pruebas de alimentación, es un punto a favor. Si solo dice "formulado", no es malo, pero es menos.

3. La etapa de vida

Cachorro, adulto, senior, gestación. No es marketing: un cachorro de raza grande que come alimento de adulto puede crecer mal, y un perro mayor con alimento de cachorro engorda. La bolsa tiene que decir para qué etapa es, y tiene que coincidir con la tuya.

4. La lista de ingredientes

Va en orden de peso, del que más hay al que menos. Tres cosas para mirar:

  • Qué aparece primero. Si los primeros lugares son fuentes de proteína reconocibles, bien. Si son tres cereales distintos antes de cualquier proteína, el alimento es lo que esos cereales dicen.
  • Nombres concretos. "Carne de pollo" o "harina de pollo" es concreto. "Subproductos de origen animal" o "derivados" es genérico: no necesariamente malo, pero no sabés qué es.
  • Trucos de orden. Si ves "arroz, harina de arroz, salvado de arroz" repartidos en tres lugares, es el mismo ingrediente dividido para que no quede primero. Sumalos mentalmente.

5. El análisis garantizado

Es la tabla con proteína, grasa, fibra y humedad. Dos números importan más que el resto: proteína y grasa. Un adulto activo necesita más de ambos que uno sedentario; un senior con riñones cansados necesita otra cosa. Compará estos números entre bolsas de la misma etapa, no entre un cachorro y un senior.

Y un detalle que confunde: el alimento húmedo (latas, sobres) tiene mucha más agua, así que sus porcentajes parecen bajos. Para comparar húmedo con seco hay que sacar el agua de la cuenta, y ahí las diferencias se achican.

Lo que conviene ignorar

"Natural", "holístico", "premium", "súper premium". Ninguna de esas palabras tiene definición regulada. Significan lo que el fabricante quiere.

La foto. El trozo de carne, el salmón entero, las verduras de huerta. Es diseño.

"Sin granos". Fue moda, y en algunos países la autoridad sanitaria investigó una posible relación entre ciertas dietas sin granos y un problema cardíaco en perros. La investigación no llegó a una conclusión definitiva, pero alcanza para decir esto: quitar los granos no es, por sí mismo, una mejora. Si tu perro no tiene una alergia diagnosticada al cereal, no hay razón para pagar por sacarlo.

El precio como indicador. Correlaciona un poco con calidad, no mucho. Hay alimentos caros que son diseño de bolsa y alimentos de precio medio con muy buena formulación. Lo que pagás muchas veces es publicidad y distribución.

Cuánto darle

La tabla de la bolsa es un punto de partida, y suele ser generosa. La medida real es el cuerpo del animal: tenés que poder sentirle las costillas con la mano sin verlas, y tiene que tener cintura vista desde arriba. Si no la tiene, la ración es mucha aunque la tabla diga que no.

La cantidad depende del peso, la edad, la actividad y si está castrado, que baja las necesidades. Un cálculo orientativo para un perro adulto de actividad normal: unos 30 gramos de alimento seco por cada kilo de peso, dividido en dos comidas al día, y después ajustar mirando las costillas. Para un gato, el criterio es parecido pero con raciones más chicas y más repartidas: los gatos comen varias veces al día por naturaleza.

Dos comidas al día, a horario, son mejor que una sola grande. Sobre todo en perros grandes de pecho profundo, donde una comida enorme seguida de actividad está asociada a la torsión de estómago, una urgencia real.

Cambiar de alimento sin que le caiga mal

Cambiar de golpe es la causa más común de diarrea "misteriosa". Mezclá el nuevo con el viejo durante cuatro o cinco días, aumentando la proporción cada día. Si el viejo se terminó antes de tiempo y no tenés cómo mezclar, el cambio va a ser brusco igual: por eso conviene saber cuándo se termina la bolsa antes de que pase. Es un cálculo simple con el peso del animal y el de la bolsa, y es de esas cosas que una app puede hacer por vos.

Cuándo la respuesta es "preguntale al veterinario"

  • Si tiene una enfermedad diagnosticada: riñones, hígado, páncreas, diabetes, alergias. Ahí el alimento es parte del tratamiento y no se elige en la góndola.
  • Si tiene sobrepeso y no lo baja con menos ración.
  • Si está en gestación o lactancia.
  • Si es un cachorro de raza gigante: el ritmo de crecimiento se maneja con la dieta.
  • Si querés armarle comida casera. No es imposible, pero equilibrarla bien requiere alguien que sepa: las dietas caseras improvisadas suelen estar desbalanceadas en calcio y en algunos minerales, y el daño se ve recién en meses.

El resumen para llevar a la góndola

  1. 1.Que diga "completo y balanceado" y tenga número de registro.
  2. 2.Que la etapa de vida coincida.
  3. 3.Que los primeros ingredientes sean proteína con nombre.
  4. 4.Que la proteína y la grasa tengan sentido para su edad y actividad.
  5. 5.Que la ración la decidan sus costillas, no la tabla.
  6. 6.Que el cambio sea de a poco.

Y después, mirá al animal durante un mes: pelo, materia fecal, energía, peso. Ese es el único test que importa.

Referencias: guías nutricionales de FEDIAF y AAFCO; recomendaciones del comité de nutrición de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA). Este artículo orienta; no reemplaza la consulta con un veterinario.

¿Le sirve a alguien de tu manada?

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